Artrosis canina

Causas

La artrosis (Osteoarthritis, OA) es la forma más habitual de artritis en perros, y afecta a una cuarta parte de la población. Es una enfermedad crónica caracterizada por la pérdida del cartílago articular que cubre y protege los extremos de los huesos en la mayor parte de las articulaciones del cuerpo. Hay otras anomalías relacionadas que incluyen nueva formación de hueso alrededor de la articulación (osteofitosis) como respuesta a una mayor inestabilidad e inflamación de la articulación, lo que provoca dolor.

En contraste con lo que ocurre en los humanos, la artrosis en perros se produce habitualmente con carácter secundario a una enfermedad ortopédica del desarrollo (enfermedad del ligamento cruzado anterior, displasia de cadera, displasia de codo). Las articulaciones que se ven afectadas con mayor frecuencia son la cadera, la rótula y el codo. La excepción a esto es la artrosis idiopática (causa desconocida) de las pequeñas articulaciones de los dedos (de las patas delanteras y traseras) que se ve en los perros viejos. Los factores que contribuyen a la artrosis incluyen: los genéticos, la edad de los perros, el peso corporal, la obesidad, el sexo, el ejercicio y la dieta.

La artritis canina (o artrosis canina) es el resultado de una conjunción de procesos mecánicos y biológicos que alteran el normal equilibrio entre degradación y síntesis dentro de la articulación.
Se ha demostrado que existen varios factores que predisponen a la patología: genética, obesidad, exceso de ejercicio intenso, lesiones articulares, debilidad muscular, envejecimiento, etc.

Patogenia

El cartílago articular recubre el extremo de cada hueso que forma una articulación normal ofreciendo una superficie lisa y resbaladiza que facilita el movimiento, actuando como una almohadilla entre los huesos.
Inicialmente hay cambios bioquímicos, con una alteración en la concentración, tamaño y capacidad de agregación de los proteoglicanos del cartílago articular, rotura de fibras de colágeno y un desequilibrio cada vez mayor entre las distintas sustancias responsables del funcionamiento articular.
En una primera etapa, la estructura del cartílago empieza a cambiar, perdiendo su elasticidad y siendo más propenso a sufrir daños.
Posteriormente, y debido a ese desgaste inicial del cartílago, el revestimiento de la articulación (sinovio o membrana sinovial) se inflama produciéndose proteínas inflamatorias y enzimas que podrían dañar más al cartílago.
A medida que el desgaste avanza, la articulación puede perder su forma natural, el hueso subyacente queda expuesto volviéndose más denso (esclerosis) y pudiéndose formar hueso nuevo en los márgenes articulares (entesofitos y osteofitos). La membrana sinovial se inflama y el líquido sinovial cambia de composición (p.e. síntesis anormal de ácido hialurónico) agravando el proceso.

Hay que saber la patogenia para entender la relación entre Artritis o artrosis canina y condroprotectores para perros.

¿A quién y dónde afecta?

Uno de cada cinco perros mayores de un año está afectado de artritis o artrosis canina, y en especial incidencia en perros de edad media y avanzada. Más del 40% de perros de razas grandes están afectados y ciertas razas como el pastor alemán y el labrador retriever parecen tener predisposición genética a esta enfermedad.
Podemos distinguir dos tipos de artrosis en perros:

  • La primaria, que suele afectar a los animales de edad avanzada y es consecuencia al envejecimiento normal de las articulaciones (desgaste progresivo e inevitable)
  • La secundaria, mucho más frecuente, que aparece como consecuencia de un factor desencadenante que comporta un mal funcionamiento de la articulación afectada

Ejemplos de osteoartritis secundaria son las que aparecen tras un traumatismo u otras patologías como: displasia de cadera, displasia de codo u hombro, rotura del ligamento cruzado de la rodilla, luxación rotuliana, osteocondritis disecante, etc.
Debido a lo anterior, las articulaciones más afectadas suelen ser la cadera, rodilla, codo y hombros.
Cada vez es más común en gatos.

Síntomas

El propietario del animal suele observar cojera y disminución de la actividad del animal (le cuesta levantarse, subir escaleras, ha dejado de correr,…).

El principal motivo es la presencia de dolor en las articulaciones afectadas y suele pronunciarse tras su movimiento excesivo o tras períodos de inactividad y conlleva otros síntomas asociados como rigidez, menor tolerancia al ejercicio o a determinadas posturas o movimientos, …

De menor a mayor gravedad podemos encontrar:

  • Leve: rigidez, cojera ‘en frío’ (cuando se levanta después de permanecer tumbado mucho tiempo), disminución de la actividad
  • Moderada: además de las anteriores, debilidad muscular, dificultad para relajarse
  • Grave: además de las anteriores, pérdida de movilidad, dolor patente al movimiento, crepitaciones (chasquidos) al mover la articulación, letargia

Si la articulación afectada por artritis o artrosis canina se mueve menos, los músculos relacionados se irán debilitando y progresivamente aportarán menos ‘sustento’ a la articulación afectada por lo que paulatinamente el cuadro empeorará.

Diagnóstico

El diagnóstico de la artritis o artrosis canina se basa en el historial clínico y examen físico (examen de la marcha y manipulación) por parte del veterinario.

Entre otras pruebas posibles, las radiografías destacan por ayudar en el diagnóstico y determinar el grado de lesión.
Un diagnóstico temprano permitirá que sea tratada lo antes posible, disminuyendo la progresión de la patología.

El principal objetivo consiste en disminuir el dolor y rigidez, mejorar el movimiento, aumentar la capacidad para disponer de una actividad normal y disminuir la progresión de la enfermedad.
El tratamiento dependerá de la severidad de la enfermedad, las articulaciones afectadas, la edad y raza del animal, los síntomas y la presencia de otras patologías.

Tratamiento

Según la gravedad, el tratamiento consistirá en:

  • Control de peso (evitar la obesidad)
  • Establecer un programa de actividad física encaminado a fortalecer y potenciar la musculatura, disminuir el dolor, controlar el sobrepeso, aumentar la movilidad y la flexibilidad de la articulación afectada y reducir las medicaciones. Cabe destacar que dicha actividad física se basará en ejercicios cortos y de bajo impacto (paseos cortos pero frecuentes), evitando los intensos y de alto impacto que pueden agravar la patología
  • Tratamiento farmacológico que puede incluir: analgésicos, AINE, córticos (ejem en infiltraciones)
  • Suplementos nutricionales como glucosamina y sulfato de condroitina, entre otros (ácidos grasos omega-3 de cadena larga -EPA y DHA-, vitaminas C y E, antioxidantes) #condroprotectores perros
  • Cirugía
  • Otros: acupuntura, tratamientos de frío-calor, masajes, fisioterapia, etc.

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